En esta obra, Ursi destila la feminidad hasta su forma más pura y esencial. La figura, desnuda y sentada, nace directamente del tronco que le da vida: la madera conserva sus vetas, su textura y su alma. No hay artificio, solo una comunión profunda entre materia y espíritu.

En esta obra, Ursi destila la feminidad hasta su forma más pura y esencial. La figura, desnuda y sentada, nace directamente del tronco que le da vida: la madera conserva sus vetas, su textura y su alma. No hay artificio, solo una comunión profunda entre materia y espíritu.


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