Infancia y raíces
Ursicino Martínez, conocido cariñosamente como Ursi, nació en la Montaña Palentina, en un entorno donde la vida minera y el contacto con la naturaleza marcaron profundamente su visión del mundo. Aquellos primeros años, entre el esfuerzo cotidiano y la riqueza del paisaje, serían la semilla de una sensibilidad artística única.
El descubrimiento del arte
Desde muy joven mostró inclinación hacia la creación. La madera, cercana y humilde, fue su primer campo de experimentación. Con ella aprendió a escuchar los materiales y a respetar sus formas naturales. Su proceso creativo era más que oficio: era un diálogo íntimo entre el hombre, la materia y el espíritu.
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Una obra marcada por lo humano
Las esculturas de Ursi reflejan siempre a las personas: mineros, atletas, niños en juego. No buscaba grandes gestas ni mitologías lejanas, sino la grandeza de lo cotidiano. En cada pieza resuena la dignidad del trabajo, la fuerza del esfuerzo y la ternura de lo sencillo.
Reconocimiento y exposiciones
Reconocimiento y exposiciones
Con el tiempo, su talento fue reconocido más allá de su tierra. Sus exposiciones en Castilla y León, en Madrid y en otras ciudades de España mostraron la universalidad de su lenguaje escultórico. Cada muestra era un encuentro entre tradición y contemporaneidad, donde lo local se volvía universal.

El maestro y su legado
Ursi no solo fue un creador, también un maestro. Compartió su saber, inspiró a jóvenes artistas y mostró con su ejemplo que el arte es un camino de autenticidad y entrega. Su taller fue siempre un espacio de aprendizaje y encuentro, donde la pasión por la escultura se transmitía con humildad.
Una vida hecha arte
Hoy, la vida y la obra de Ursicino Martínez permanecen como un todo inseparable. En cada escultura se conserva su mirada, su espiritualidad y su compromiso con la belleza de lo humano. Ursi sigue siendo, más allá de su tiempo, un maestro que enseñó que el arte verdadero nace de la vida misma y vuelve a ella transformado en legado.


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